El mes de abril ha sido muy propicio en conciertos de música, entre otras cosas porque la Semana Santa produce dos cosas: que en ese momento se paralice la actividad (como en Navidad), y que se concentre en las semanas precedentes y/o posteriores.
Como me dijo una amiga a la salida de uno: Marga, tú oyes muchos conciertos ¿no? Le contesté que, en efecto, cada vez me interesa menos la música enlatada y más la interpretación en vivo, aunque debo reconocer que oigo música en directo desde que era adolescente.
Ya he escrito alguna vez que no me gustan los barrocos tocados con piano, en general. Pero recuerdo unas sonatas de Scarlatti tocadas por Ivo Pogorelich hace muchos, muchos años que me dejaron fascinada... Y un Bach, tocado por el grandísimo Krystian Zimerman, que me irritó profundamente. Es decir, que no soy demasiado fanática de la interpretación historicista, siempre que se respete en lo posible el estilo.
El primero que recuerdo de abril es uno de Grigory Sokolov, con obras de Bach y Schumann. Bueno, pues hizo que me saliera humo por las orejas. Sé que es muy personal en su forma de tocar y bla, bla, bla. Pero todos los años viene a tocar y cada vez me irrita más. Dejo aparte lo ya escrito sobre el barroco en piano. Tocó Schumann como si fuera un Liszt pirotécnico, lo más fuera de estilo que se pueda imaginar... Y el público haciendo la ola, porque les encantan los virtuosos de dedos ágiles y ligeros. Me fui después del primer bis, porque no podía con ello.
El año que viene, ya me he comprometido a regalarle la entrada a un conocido, pianista por más señas, que tiene interés en ver cómo lo hace.
El segundo, tres días después, fue un concierto que me avisó mi maestro de coro. Un conjunto coral, Ars Nova Copenhagen, dirigido por Paul Hillier, un histórico cantante británico, de estos que tienen una afinación perfecta. He escuchado muchísimos discos en los que cantaba y dirigía, visto vídeos, de todo. El programa prometía: música de la época Tudor y de Arvo Pärt.
Y el concierto fue muy, muy bueno, música bellísima... Yo no terminé de entrar a fondo, porque mezclaba repertorio renacentista con las obras de Pärt, que es un músico contemporánero muy interesante. Hubiera disfrutado más si lo hubieran separado, porque yo necesito atender a cosas distintas según el repertorio. No sé si me explico.
Ah, sospecho por alguna cosilla de las notas que quien las firma cree que el común de los mortales sabe más de historia de Inglaterra de lo habitual, o bien que hemos visto todas las temporadas de Los Tudor.
Después del concierto, unos cuantos nos fuimos a cenar y acabamos a las tantas, hablando de música y de muchas otras cosas. Fue cuando mi amiga me dijo lo que encabeza este blogusino.
Cuatro días más tarde, otro concierto, esta vez de lied por Bejun Mehta y Julius Drake, con obras variadas, desde el siglo XVII al XX. Fue muy interesante, aunque no se le entendía nada de los textos (mi compañero de asiento es profesor de inglés y me reafirmó en mis dudas). La voz muy bonita, eso sí.
Y tuve la suerte de encontrarme con unos amigos de la Universidad, que no había vuelto a ver en unos veinte años. Por fortuna, nos conservamos todos muy bien y nos reconocimos. Fuimos a tomar unas cañas y a ponernos al día, como es natural.
El ritmo de conciertos se ralentizó un poco, porque me dejó una semana de descanso entre el que acabo de comentar y el siguiente, pero me fui a ver un espectáculo en el que se cantaba y se bailaba:
La danza de la Muerte/dança da Morte, una coproducción hispano-portuguesa que me pareció muy interesante. Sencilla pero efectiva, mezclaba la tradición medieval hispana de la danza de la muerte con las obras de Gil Vicente. Los cantantes eran los propios actores y fueron muy correctos en lo que al canto se refiere. Tuve algún problema en entender a una actriz portuguesa que hablaba muy rápido y con un acento muy cerrado, pero en general, me pareció estupendo.
Y luego, el fantástico concierto de Leif-Ove Andsnes. El programa era muy exigente y realmente bonito, con la sonata Waldstein de Beethoven, las 4 baladas op. 10 de Brahms, un Schoenberg temprano y la sonata op. 32 de Beethoven para finalizar.
Ví lo que nunca creí que iba a pasar: como es habitual en nuestros conciertos, el personal está siempre enfermísimo de tos y no hace ningún caso de las indicaciones sobre los teléfonos móviles (ya, ya sé que debería decirse portátiles, porque móvil es el que se mueve por sí solo). Pues bien, en las sonatas de Brahms, suena uno, horrible y estridente... El pianista se para sobre las teclas que iba a pulsar, manteniendose estático (y estaban en un extremo del teclado) hasta que se deja de oír el soniquete de marras. Impávido, sigue tocando hasta el final. Fin de la primera parte. Al terminar el descanso, se oye una voz por megafonía que pide encarecidamente que se compruebe que los móviles están apagados. Así pudimos escuchar, como en un nirvana, una de las mejores interpretaciones de la sonata op. 111 de Beethoven que yo recuerde.
Dos días más tarde, me invitaron a ir a un concierto en el Monasterio de las Descalzas, conmemorando en nacimiento de Dª María Bárbara de Braganza, mujer de Fernando VI y protectora de Scarlatti. El programa lo constituían obras de diversos compositores portugueses del siglo XVIII (incluyendo brasileños), y un par de sonatas del mencionado Scarlatti. Para mí, casi todas las obras eran desconocidas, y no había oído ni leído nada de la mayoría de los autores. El teclista era Nicolau de Figueiredo, un clavecinista brasileño que tocó con mucho arte y nos contó porqué había elegido ese repertorio tan inusual. Fue realmente interesante, aparte del "marco incomparable".
Ya en mayo, fui el jueves pasado a ver la ópera El rey Roger de Szymanowski. Me habían hablado muy bien de los cantantes y del coro, de la música y la interpretación en general, y muy mal de la escenografía. El mismo escenógrafo hizo una producción que se vió hace una o dos temporadas, El caso Makropoulos, excepcional, muy buena; pero esta vez creo que ha patinado, y eso que algunas cosas me recordaban a la puesta en escena de la obra de Janacek.
Sin embargo, considero que ya la obra era complicada de entender (por mucho que estuviera basada en Las Bacantes de Eurípides), para que encima nos metieran asuntos externos a la ópera como elementos de la puesta en escena. Me refiero a las referencias a la toxicomanía y la homosexualidad del compositor, así como el guiño pop de las máscaras de Mickey Mouse -que funcionaba muy bien en El caso Makropoulos con King Kong-, que no añaden nada a la acción en sí y embrollan mucho, haciendo incongruente la obra.
Por otra parte, si buscan escandalizar por poner unas proyecciones de Warhol o de Pasolini, o por hacer que los protagonistas canten en ropa interior, creo que es un recurso muy fácil y manido... Todavía me acuerdo de la puesta en escena de Bieito del Wozzeck, que era más extremada en ese aspecto.
Y por fin, esta tarde voy a ver la puesta en escena de El burgués gentilhombre , de Molière-Lully. Tengo muchas ganas de darme un baño de grandeur barroca.
Ah, y este mes hay cosas interesantes en la Filmoteca.
Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas
domingo, 8 de mayo de 2011
Músicas variadas en abril-mayo
Etiquetas:
actitud,
conciertos,
Francia,
literatura,
Madrid,
música,
Portugal
domingo, 23 de agosto de 2009
Lo prometido es deuda
Sí, había prometido escribir un blogusino intrascendente y veraniego sobre candelabros, item más que el viernes una maravillosa amiga me regalo un portavelas con margaritas y esta noche lo he estrenado en una de mis cenas con velas de domingo. Menú frugal, que con los calores no me apetece cocinar.
Para arreglarlo y darle un aire suficientemente interesante, velas y música. He puesto unos cuantos de mis candelabros propios y los que me han ido regalando: ese precioso con forma de concha que me regaló mi hermana de aquel viaje a Estocolmo; el que os he contado en el primer párrafo y los altos candelabros de ébano que me ha traído un amigo de sus vacaciones en Tanzania.
La música: un disco que me traje del último viaje a Lisboa, cuando fuimos a uno de los conciertos primaverales del Coro de la Universidade Nova. Se trata de una grabación del grupo Sete lágrimas con diversas músicas de los países en donde Portugal tuvo colonias, incluyendo España... Como si fueran ellos los que nos invadieron y no nosotros en 1580, je je... Me lo compré por la curiosidad de escuchar cómo se enfrentaban al Con amores mi madre de Juan de Anchieta.
Pues bien, es bonito, sonido pulido... Fantástico para una comida o cena tranquila y sin pretensiones. Como la de hoy, como tantas otras.
En una de esas "otras" reparé en el alucinante texto de la última canción, En tus brazos una noche. Me fijé porque es una de las pocas canciones que están en español - sí, hay pendiente un blogusino sobre el español y el castellano, pero hoy no toca - , el compositor es un tal Manuel Machado, muerto en 1646. El texto no me resisto a copiarlo, porque tiene miga:
En tus brazos una noche,
me soñé, Filis, durmiendo:
despertóme la alegría,
y volvióse en llanto el sueño.
¿Qué delitos fomentan tus sinrazones?
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
Cuando estás velando,
me estás ofendiendo:
suéñote durmiendo,
siéntote matando.
Peligroso ando con tus rigores.
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
No he conseguido encontrarlo en otras fuentes y en el folleto del disco viene todo seguido, así que no estoy segura de que esté bien escrito. Hay un desbarajuste total en la versificación.
A lo que vamos: en el disco no indica quién es el autor del texto, que me sorprendió por lo elaborado, un magnífico ejemplo de poesía barroca. Realmente, me quedé pasmada tanto por lo que dice como por la forma. El recurso al qué bonito que sueño contigo es muy típico de toda la poesía amorosa, pero lo que cuenta en los primeros versos es mucho más "físico", si se me permite la expresión. Y sólo uno de los grandes puede hacerlo con tal sutileza.
Empecé a investigar sobre el tal Machado, que estuvo bastante tiempo en Madrid. Al final, me encontré con que el autor del texto es Félix Lope de Vega Carpio, con todo su nombre y su apellido. Ya tendría que haberme mosqueado con las fechas del compositor y ese Filis tan sospechoso. Pero lo confieso, no tengo las obras completas de éste, ni de Calderón, ni de Quevedo, ni de Góngora... Tampoco de otros. Las bibliotecas públicas sirven para eso ¿no?, para leer lo que no te cabe en casa. La referencia la encontré en el Cancionero musical de Lope, una recopilación de las obras de éste a las que se ha puesto música.
Ojalá los de Sete Lágrimas se hubieran tomado la molestia de anotarlo... Aunque no estuvo mal lo de mirar un poquito.
Al hilo de toda la peripecia, y para terminar, estuve dándole al magín sobre los textos que tuve que comentar en el instituto, ninguno tan tremendo como éste; las vidas también turbulentas de otros poetas del barroco: Gregorio de Mattos, el conde de Villamediana, Marino, Shakespeare; y lo poco que se pone en contexto (o ponía) la obra con la vida.
Tengo la teoría de que esta tendencia viene de una pudibundez decimonónica enfermiza. Cualquiera que conozca un poco el teatro de época, como el isabelino, sabe que las obras derrochan sangre, violencia y sexo, que hay un montón de referencias escabrosas en Shakespeare, pero también en Moliére. Mmm, parece que nos olvidamos de que eran "demasiado humanos", aunque ahora estén en el panteón.
Para arreglarlo y darle un aire suficientemente interesante, velas y música. He puesto unos cuantos de mis candelabros propios y los que me han ido regalando: ese precioso con forma de concha que me regaló mi hermana de aquel viaje a Estocolmo; el que os he contado en el primer párrafo y los altos candelabros de ébano que me ha traído un amigo de sus vacaciones en Tanzania.
La música: un disco que me traje del último viaje a Lisboa, cuando fuimos a uno de los conciertos primaverales del Coro de la Universidade Nova. Se trata de una grabación del grupo Sete lágrimas con diversas músicas de los países en donde Portugal tuvo colonias, incluyendo España... Como si fueran ellos los que nos invadieron y no nosotros en 1580, je je... Me lo compré por la curiosidad de escuchar cómo se enfrentaban al Con amores mi madre de Juan de Anchieta.
Pues bien, es bonito, sonido pulido... Fantástico para una comida o cena tranquila y sin pretensiones. Como la de hoy, como tantas otras.
En una de esas "otras" reparé en el alucinante texto de la última canción, En tus brazos una noche. Me fijé porque es una de las pocas canciones que están en español - sí, hay pendiente un blogusino sobre el español y el castellano, pero hoy no toca - , el compositor es un tal Manuel Machado, muerto en 1646. El texto no me resisto a copiarlo, porque tiene miga:
En tus brazos una noche,
me soñé, Filis, durmiendo:
despertóme la alegría,
y volvióse en llanto el sueño.
¿Qué delitos fomentan tus sinrazones?
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
Cuando estás velando,
me estás ofendiendo:
suéñote durmiendo,
siéntote matando.
Peligroso ando con tus rigores.
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
No he conseguido encontrarlo en otras fuentes y en el folleto del disco viene todo seguido, así que no estoy segura de que esté bien escrito. Hay un desbarajuste total en la versificación.
A lo que vamos: en el disco no indica quién es el autor del texto, que me sorprendió por lo elaborado, un magnífico ejemplo de poesía barroca. Realmente, me quedé pasmada tanto por lo que dice como por la forma. El recurso al qué bonito que sueño contigo es muy típico de toda la poesía amorosa, pero lo que cuenta en los primeros versos es mucho más "físico", si se me permite la expresión. Y sólo uno de los grandes puede hacerlo con tal sutileza.
Empecé a investigar sobre el tal Machado, que estuvo bastante tiempo en Madrid. Al final, me encontré con que el autor del texto es Félix Lope de Vega Carpio, con todo su nombre y su apellido. Ya tendría que haberme mosqueado con las fechas del compositor y ese Filis tan sospechoso. Pero lo confieso, no tengo las obras completas de éste, ni de Calderón, ni de Quevedo, ni de Góngora... Tampoco de otros. Las bibliotecas públicas sirven para eso ¿no?, para leer lo que no te cabe en casa. La referencia la encontré en el Cancionero musical de Lope, una recopilación de las obras de éste a las que se ha puesto música.
Ojalá los de Sete Lágrimas se hubieran tomado la molestia de anotarlo... Aunque no estuvo mal lo de mirar un poquito.
Al hilo de toda la peripecia, y para terminar, estuve dándole al magín sobre los textos que tuve que comentar en el instituto, ninguno tan tremendo como éste; las vidas también turbulentas de otros poetas del barroco: Gregorio de Mattos, el conde de Villamediana, Marino, Shakespeare; y lo poco que se pone en contexto (o ponía) la obra con la vida.
Tengo la teoría de que esta tendencia viene de una pudibundez decimonónica enfermiza. Cualquiera que conozca un poco el teatro de época, como el isabelino, sabe que las obras derrochan sangre, violencia y sexo, que hay un montón de referencias escabrosas en Shakespeare, pero también en Moliére. Mmm, parece que nos olvidamos de que eran "demasiado humanos", aunque ahora estén en el panteón.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)