Ring out, wild bells, to the wild sky,
The flying cloud, the frosty light;
The year is dying in the night;
Ring out, wild bells, and let him die.
Ring out the old, ring in the new,
Ring, happy bells, across the snow:
The year is going, let him go;
Ring out the false, ring in the true.
Ring out the grief that saps the mind,
For those that here we see no more,
Ring out the feud of rich and poor,
Ring in redress to all mankind.
Ring out a slowly dying cause,
And ancient forms of party strife;
Ring in the nobler modes of life,
With sweeter manners, purer laws.
Ring out the want, the care the sin,
The faithless coldness of the times;
Ring out, ring out my mournful rhymes,
But ring the fuller minstrel in.
Ring out false pride in place and blood,
The civic slander and the spite;
Ring in the love of truth and right,
Ring in the common love of good.
Ring out old shapes of foul disease,
Ring out the narrowing lust of gold;
Ring out the thousand wars of old,
Ring in the thousand years of peace.
Ring in the valiant man and free,
The larger heart, the kindlier hand;
Ring out the darkness of the land,
Ring in the Christ that is to be.
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viernes, 31 de diciembre de 2010
Poema de Año Nuevo (de Tennyson)
sábado, 13 de marzo de 2010
Manchas
El blogusino de hoy es muy personal. Suelo comentar cosas pasadas de tipo general (con la debida distancia, claro), pero hoy va a ser algo diferente.
Esta mañana estaba ordenando ropa para meterla en su sitio y viendo las manchas del mantel de las ocasiones especiales, me ha dado por pensar en cómo cambian las personas. Yo, en concreto.
Curioso que nunca me ha importado demasiado un plato roto o un vaso caído, pero sí los manteles manchados y en general el descuido en la mesa. Bien mirado, todas esas circunstancias son producto de una torpeza y yo soy muy torpe; tendría que hacerme mirar por qué una cosa me afecta más que las otras.
Hace unos años vivía en España un amigo sueco y le invité a cenar junto con otra amiga española. Aunque mi amiga es abstemia, él y yo no tuvimos mayor problema en abrir una buena botella de tinto.
He de decir que no he visto en nigún sitio más variedad de vinos y licores que en un systembolaget (comercio donde se expenden bebidas alcohólicas, monopolio del Estado) en Suecia, donde no se produce vino pero beben más que bastante y a unos precios exorbitantes.
Mi amigo cometió el error imperdonable de derramar unas gotas en el mantel y mis ojos llamearon de ira (tipo cómic, imaginadlo), de tal modo que se quedó entre asustado y enfadado por lo que bien podría parecerle una niñería.
Es verdad que ese mantel (no el de las ocasiones especiales) es de color crudo y lo bordé hace muchos años, así que le tengo un cierto cariño. Como era de esperar, la mancha permanece desde entonces. No voy a echar lejía por no cargarme el color del bordado y el remedio casero de frotar con vino blanco no funciona, al menos con manchas viejas.
Con el tiempo, mi rigorismo en cuanto al cuidado o torpeza que pueden/puedo tener con mi ropa de mesa ha disminuido.
De hecho, en una cena a la que asistieron mi hermana y otros tres amigos, uno de ellos descorchó una botella de cava y parecía que habíamos ganado una carrera de Fórmula 1. No lo hizo a propósito, pero el caso es que el cava llegó al suelo, porque la mesa era de jardín, con listones separados entre sí. Debo decir que me dió la risa floja y me lo tomé con humor, cuando quizá un par de años antes le hubiera fulminado cual Júpiter tonante.
En una cena poco después, a la que asistían mi dilecto maestro, el no menos dilecto acompañante y un tercer amigo, éste último manchó tremendamente el susodicho mantel de las ocasiones especiales con un Oporto, oscuro como el petróleo, que resultó delicioso.
Esas manchas son las que he contemplado esta mañana, pensando no en el destrozo, sino en que son un recuerdo imborrable (el adjetivo no es retórico) de una noche estupenda con comida, bebida y compañía excepcionales...
Pero eso no obsta para que mi pobre amigo esté castigado a usar la servilleta que igualmente manchó intentando arreglar el desaguisado.
Cuando el mantel y las servilletas estén tan coloridas que no se sepa cuál fue la primera y cuál la última mancha, entonces le levantaré la sanción. Será síntoma de que ha habido muchas y muy buenas cenas de las que hemos disfrutado, suficientemente especiales como para sacar el mantel de las grandes ocasiones.
Me ha quedado un poco sentimental ¿no?
Esta mañana estaba ordenando ropa para meterla en su sitio y viendo las manchas del mantel de las ocasiones especiales, me ha dado por pensar en cómo cambian las personas. Yo, en concreto.
Curioso que nunca me ha importado demasiado un plato roto o un vaso caído, pero sí los manteles manchados y en general el descuido en la mesa. Bien mirado, todas esas circunstancias son producto de una torpeza y yo soy muy torpe; tendría que hacerme mirar por qué una cosa me afecta más que las otras.
Hace unos años vivía en España un amigo sueco y le invité a cenar junto con otra amiga española. Aunque mi amiga es abstemia, él y yo no tuvimos mayor problema en abrir una buena botella de tinto.
He de decir que no he visto en nigún sitio más variedad de vinos y licores que en un systembolaget (comercio donde se expenden bebidas alcohólicas, monopolio del Estado) en Suecia, donde no se produce vino pero beben más que bastante y a unos precios exorbitantes.
Mi amigo cometió el error imperdonable de derramar unas gotas en el mantel y mis ojos llamearon de ira (tipo cómic, imaginadlo), de tal modo que se quedó entre asustado y enfadado por lo que bien podría parecerle una niñería.
Es verdad que ese mantel (no el de las ocasiones especiales) es de color crudo y lo bordé hace muchos años, así que le tengo un cierto cariño. Como era de esperar, la mancha permanece desde entonces. No voy a echar lejía por no cargarme el color del bordado y el remedio casero de frotar con vino blanco no funciona, al menos con manchas viejas.
Con el tiempo, mi rigorismo en cuanto al cuidado o torpeza que pueden/puedo tener con mi ropa de mesa ha disminuido.
De hecho, en una cena a la que asistieron mi hermana y otros tres amigos, uno de ellos descorchó una botella de cava y parecía que habíamos ganado una carrera de Fórmula 1. No lo hizo a propósito, pero el caso es que el cava llegó al suelo, porque la mesa era de jardín, con listones separados entre sí. Debo decir que me dió la risa floja y me lo tomé con humor, cuando quizá un par de años antes le hubiera fulminado cual Júpiter tonante.
En una cena poco después, a la que asistían mi dilecto maestro, el no menos dilecto acompañante y un tercer amigo, éste último manchó tremendamente el susodicho mantel de las ocasiones especiales con un Oporto, oscuro como el petróleo, que resultó delicioso.
Esas manchas son las que he contemplado esta mañana, pensando no en el destrozo, sino en que son un recuerdo imborrable (el adjetivo no es retórico) de una noche estupenda con comida, bebida y compañía excepcionales...
Pero eso no obsta para que mi pobre amigo esté castigado a usar la servilleta que igualmente manchó intentando arreglar el desaguisado.
Cuando el mantel y las servilletas estén tan coloridas que no se sepa cuál fue la primera y cuál la última mancha, entonces le levantaré la sanción. Será síntoma de que ha habido muchas y muy buenas cenas de las que hemos disfrutado, suficientemente especiales como para sacar el mantel de las grandes ocasiones.
Me ha quedado un poco sentimental ¿no?
domingo, 28 de febrero de 2010
Carnaval, carnaval
Hola: Llevo bastante tiempo sin escribir blogusinos, mi vida está siendo bastante agitada y agobiante desde hace... varios meses.
Pero con éste que os presento quiero desquitarme. Ya sé, ya sé que el Carnaval ha pasado hace varias semanas, pero me sorprendió una noticia que leí en un periódico español sobre el Carnaval de Rio de Janeiro.
Resulta que una importante escuela de samba de allí tuvo la feliz idea de dedicar su desfile de carnaval al Quijote. Hasta ahí, todo estupendo.
Por lo visto, se han llevado una gran decepción (y no sé si al final dedicaron al pobre hidalgo el desfile), porque ni las instituciones españolas ni las empresas les han dado apoyo económico. La cantidad de dinero que precisan es enorme y parece que tienen que buscar patrocinadores en donde sea, a cambio de un buen rato de publicidad y gloria en el Sambódromo.
Supongo que en Cádiz o en Canarias, donde la tradición festiva del Carnaval es fuerte, entienden perfectamente el chasco de los cariocas. Aquí en Madrid, que estamos picados de curiosidad por otras cosas, se nos hace más cuesta arriba.
Me imagino los titulares de periódicos españoles y a algunos políticos poniendo el grito en el cielo si al Instituto Cervantes o al Centro de Promoción del Libro se les hubiera ocurrido rascar un poco del presupuesto para este homenaje cervantino-tropical. El mínimo comentario hubiera sido algo como "El gobierno derrocha en los Carnavales de Rio mientras la crisis se ceba con España".
Apuntar como generoso contribuyente a la fiesta a un país supuestamente desarrollado, con 40 millones de habitantes y 4 de parados, es muy cándido por su parte, aunque loable el interés por nuestra literatura. Personalmente, me hubiera encantado que esa escuela saliera con su carrozas, su Quijote, Sancho, Dulcinea y demás, pero creo que han errado el tiro, por lo menos con respecto a las instituciones.
En España la cultura es un bien poco preciado, y el Quijote es un libro que está en el imaginario... pero sólo en el imaginario: ya me gustaría saber cuántos de esos 40 millones se lo han leído (y lo han entendido, que es lo difícil si te lo embuten de primeras a los 15 años, como me ocurrió a mí).
Recuerdo con muchísima pena cuando para celebrar el centenario, se ofrecía el libro en fascículos con uno de los periódicos gratuitos que dan en el metro.
La pena me la producía ver cómo los andenes estaban, a primera hora de la mañana, llenos de los susodichos fascículos tirados por el suelo. Una cantidad ingente de dinero desperdiciado y una demostración palmaria de que la cultura gratis acaba por los suelos, y eso no quiere decir que me guste la SGAE, ni mucho menos, sino que hay que dar cultura en su justo precio.
Dentro de ese justo precio están las bibliotecas, que se pagan con los impuestos (y que deberían estar eximidas del canon por uso)... Perdón por el inciso.
Sin embargo, sería maravilloso si la escuela de samba tomara como base para sus desfiles un libro extranjero cada año: Hamlet, Eugenio Oneguin, Gargantúa y Pantagruel, la Odisea (imaginad a las chicas de la escola vestidas de sirenas...). Si tienen ojo en mirar hacia un país sin crisis (en todos los sentidos), a lo mejor tienen suerte.
Pero con éste que os presento quiero desquitarme. Ya sé, ya sé que el Carnaval ha pasado hace varias semanas, pero me sorprendió una noticia que leí en un periódico español sobre el Carnaval de Rio de Janeiro.
Resulta que una importante escuela de samba de allí tuvo la feliz idea de dedicar su desfile de carnaval al Quijote. Hasta ahí, todo estupendo.
Por lo visto, se han llevado una gran decepción (y no sé si al final dedicaron al pobre hidalgo el desfile), porque ni las instituciones españolas ni las empresas les han dado apoyo económico. La cantidad de dinero que precisan es enorme y parece que tienen que buscar patrocinadores en donde sea, a cambio de un buen rato de publicidad y gloria en el Sambódromo.
Supongo que en Cádiz o en Canarias, donde la tradición festiva del Carnaval es fuerte, entienden perfectamente el chasco de los cariocas. Aquí en Madrid, que estamos picados de curiosidad por otras cosas, se nos hace más cuesta arriba.
Me imagino los titulares de periódicos españoles y a algunos políticos poniendo el grito en el cielo si al Instituto Cervantes o al Centro de Promoción del Libro se les hubiera ocurrido rascar un poco del presupuesto para este homenaje cervantino-tropical. El mínimo comentario hubiera sido algo como "El gobierno derrocha en los Carnavales de Rio mientras la crisis se ceba con España".
Apuntar como generoso contribuyente a la fiesta a un país supuestamente desarrollado, con 40 millones de habitantes y 4 de parados, es muy cándido por su parte, aunque loable el interés por nuestra literatura. Personalmente, me hubiera encantado que esa escuela saliera con su carrozas, su Quijote, Sancho, Dulcinea y demás, pero creo que han errado el tiro, por lo menos con respecto a las instituciones.
En España la cultura es un bien poco preciado, y el Quijote es un libro que está en el imaginario... pero sólo en el imaginario: ya me gustaría saber cuántos de esos 40 millones se lo han leído (y lo han entendido, que es lo difícil si te lo embuten de primeras a los 15 años, como me ocurrió a mí).
Recuerdo con muchísima pena cuando para celebrar el centenario, se ofrecía el libro en fascículos con uno de los periódicos gratuitos que dan en el metro.
La pena me la producía ver cómo los andenes estaban, a primera hora de la mañana, llenos de los susodichos fascículos tirados por el suelo. Una cantidad ingente de dinero desperdiciado y una demostración palmaria de que la cultura gratis acaba por los suelos, y eso no quiere decir que me guste la SGAE, ni mucho menos, sino que hay que dar cultura en su justo precio.
Dentro de ese justo precio están las bibliotecas, que se pagan con los impuestos (y que deberían estar eximidas del canon por uso)... Perdón por el inciso.
Sin embargo, sería maravilloso si la escuela de samba tomara como base para sus desfiles un libro extranjero cada año: Hamlet, Eugenio Oneguin, Gargantúa y Pantagruel, la Odisea (imaginad a las chicas de la escola vestidas de sirenas...). Si tienen ojo en mirar hacia un país sin crisis (en todos los sentidos), a lo mejor tienen suerte.
viernes, 1 de enero de 2010
Comienzos y finales
Hola:
Según mi reloj, ya son las 0:42 del 1 de enero de 2010. Según el blog, faltan algunas horas para que acabe el año.
Alguna vez dije algo sobre esto en otro blogusino, el de un 23 de abril. Sigo sin saber ajustar la hora, así que me encuentro en el presente y en el pasado a la vez. ¡Qué sensación, todo me da vueltas!... Nooo, es broma, pero no estoy esta noche para planes filosóficos entre pasado y presente y futuro.
Estoy oyendo los fuegos artificales y los petardos. No me apetece acostarme, consciente de que no podré dormir por la fiesta que tengan algunos vecinos. Pues habrá que hacer algo, ¿no? Escribir acá puede estar bien.
El año pasado hice un blogusino cronológico de año nuevo, sobre fechas exactas y demás zarandajas. Voy por el mismo camino, porque con eso del 2010 vuelvo a escuchar lo de las décadas. Pero el de hoy estará menos documentado, no os asusteis.
Parece que ya no tenemos conciencia de que contamos el tiempo según ha pasado, esto es, cuando se cumple un año, se acaba el mismo. Por otra parte, nuestro sistema decimal empieza en el 1 y no en el o, por lo que el fin de una década es el año que acaba en 0, no en 9. Ergo... Este que estoy empezando en la realidad no virtual de mi casa, es el último año de la primera década del siglo XXI. Para que empiece la segunda década, habrá que esperar al 2011.
Es lo mismo que si empezamos la semana el sábado, el domingo o el lunes. No estoy segura, pero me parece que todo viene de la Biblia, ese tremendo libro que recomiendo leer, y de las distintas religiones que la utilizan como libro sagrado:
Los judíos consideran que el día que Dios descansó después de su semana de trabajo fue el sábado. Por tanto, el domingo es el primer día de la nueva semana de trabajo. En la época de la Reforma protestante, la interpretación literal de la Biblia hizo que se volviese a la consideración del sábado como día de descanso y de ahí que los anglosajones comiencen sus casillas de semanario en el domingo y la acaben el sábado.
Los católicos, supongo que para diferenciarse de los hebreos, decidieron trasladar el festivo al día siguiente, considerándolo el día "del Señor", que es la etimología latina de "domingo". Así pues, en la mayoría de los países de religión católica romana, el calendario está dispuesto con el lunes como primera casilla de la semana y el domingo como la última.
Para terminar (por orden cronológico estricto) de enmarañarlo, los musulmanes decidieron tener como festivo el viernes. Supongo que está en el Corán o en la tradición. El caso es que Mahoma sabía perfectamente los usos festivos de cristianos y hebreos.
He visitado (poco y por poco tiempo, es verdad) un par de países árabes y claro, me chocaba un poco esto de los festivos, pero no me paré a buscar algún calendario para ver si ellos inician la semana el sábado y la terminan en la casilla del viernes. No me extrañaría, pero es algo que no he podido comprobar.
Reconozco que en la vida cotidiana me resulta más "inquietante" el cambio sábado-domingo. La dentera que me da con las décadas está relacionada, creo yo, con la veneración por la cronología y por el dato preciso que me inculcaron en la carrera universitaria. De todos modos, me gusta la precisión en las cosas que tienen que ver con el tiempo, ya que hemos construido un sistema (antes de Einstein).
Personalmente, me hubiera gustado saber qué pasó por la cabeza de las gentes cuando, de golpe y porrazo, se estableció que se pasaba del calendario juliano al gregoriano (s. XVI). Recordad que, precisamente por eso, el 23 de abril coinciden en efemérides Shakespeare y Cervantes, siendo que en Inglaterra no se había adoptado el calendario gregoriano y en los territorios hispánicos, sí.
Dan ganas de escribir un cuento irónico, como aquel chiste que circuló en la época del "terror informático" del año 2000 (acordaos, aquello de que los programas que no consideraban los años en cuatro dígitos se iban a volver locos) en la que dos matémáticos romanos en la época justo antes del nacimiento de Cristo hablaban sobre el A.C. y el D.C.
No creo que lo haga, porque no tengo tanta chispa, pero disfrutaría mucho leyéndolo si alguien se anima.
Feliz Año Nuevo 2010... ¡¡A terminar la década!!
Según mi reloj, ya son las 0:42 del 1 de enero de 2010. Según el blog, faltan algunas horas para que acabe el año.
Alguna vez dije algo sobre esto en otro blogusino, el de un 23 de abril. Sigo sin saber ajustar la hora, así que me encuentro en el presente y en el pasado a la vez. ¡Qué sensación, todo me da vueltas!... Nooo, es broma, pero no estoy esta noche para planes filosóficos entre pasado y presente y futuro.
Estoy oyendo los fuegos artificales y los petardos. No me apetece acostarme, consciente de que no podré dormir por la fiesta que tengan algunos vecinos. Pues habrá que hacer algo, ¿no? Escribir acá puede estar bien.
El año pasado hice un blogusino cronológico de año nuevo, sobre fechas exactas y demás zarandajas. Voy por el mismo camino, porque con eso del 2010 vuelvo a escuchar lo de las décadas. Pero el de hoy estará menos documentado, no os asusteis.
Parece que ya no tenemos conciencia de que contamos el tiempo según ha pasado, esto es, cuando se cumple un año, se acaba el mismo. Por otra parte, nuestro sistema decimal empieza en el 1 y no en el o, por lo que el fin de una década es el año que acaba en 0, no en 9. Ergo... Este que estoy empezando en la realidad no virtual de mi casa, es el último año de la primera década del siglo XXI. Para que empiece la segunda década, habrá que esperar al 2011.
Es lo mismo que si empezamos la semana el sábado, el domingo o el lunes. No estoy segura, pero me parece que todo viene de la Biblia, ese tremendo libro que recomiendo leer, y de las distintas religiones que la utilizan como libro sagrado:
Los judíos consideran que el día que Dios descansó después de su semana de trabajo fue el sábado. Por tanto, el domingo es el primer día de la nueva semana de trabajo. En la época de la Reforma protestante, la interpretación literal de la Biblia hizo que se volviese a la consideración del sábado como día de descanso y de ahí que los anglosajones comiencen sus casillas de semanario en el domingo y la acaben el sábado.
Los católicos, supongo que para diferenciarse de los hebreos, decidieron trasladar el festivo al día siguiente, considerándolo el día "del Señor", que es la etimología latina de "domingo". Así pues, en la mayoría de los países de religión católica romana, el calendario está dispuesto con el lunes como primera casilla de la semana y el domingo como la última.
Para terminar (por orden cronológico estricto) de enmarañarlo, los musulmanes decidieron tener como festivo el viernes. Supongo que está en el Corán o en la tradición. El caso es que Mahoma sabía perfectamente los usos festivos de cristianos y hebreos.
He visitado (poco y por poco tiempo, es verdad) un par de países árabes y claro, me chocaba un poco esto de los festivos, pero no me paré a buscar algún calendario para ver si ellos inician la semana el sábado y la terminan en la casilla del viernes. No me extrañaría, pero es algo que no he podido comprobar.
Reconozco que en la vida cotidiana me resulta más "inquietante" el cambio sábado-domingo. La dentera que me da con las décadas está relacionada, creo yo, con la veneración por la cronología y por el dato preciso que me inculcaron en la carrera universitaria. De todos modos, me gusta la precisión en las cosas que tienen que ver con el tiempo, ya que hemos construido un sistema (antes de Einstein).
Personalmente, me hubiera gustado saber qué pasó por la cabeza de las gentes cuando, de golpe y porrazo, se estableció que se pasaba del calendario juliano al gregoriano (s. XVI). Recordad que, precisamente por eso, el 23 de abril coinciden en efemérides Shakespeare y Cervantes, siendo que en Inglaterra no se había adoptado el calendario gregoriano y en los territorios hispánicos, sí.
Dan ganas de escribir un cuento irónico, como aquel chiste que circuló en la época del "terror informático" del año 2000 (acordaos, aquello de que los programas que no consideraban los años en cuatro dígitos se iban a volver locos) en la que dos matémáticos romanos en la época justo antes del nacimiento de Cristo hablaban sobre el A.C. y el D.C.
No creo que lo haga, porque no tengo tanta chispa, pero disfrutaría mucho leyéndolo si alguien se anima.
Feliz Año Nuevo 2010... ¡¡A terminar la década!!
sábado, 3 de enero de 2009
El tiempo pasa... para todos
Después de los fastos del Primero de Año, siempre me acuerdo de mi época de estudiante en la Universidad, cuando tuve que estudiar Cronología, dentro de la asignatura de Paleografía. Y ¿a cuénto de qué viene esto? Pues a cuento de mi rechazo (ya lo anuncio) a celebrar nocheviejas, años nuevos y demás parientes.
Según el manual que he rescatado del armario, existían al menos seis formas establecidas de datar el principio del año, dentro siempre de la Era Cristiana, que es la que nosotros usamos: 1 de enero; 25 de diciembre; 25 de marzo; 1 de septiembre; 1 de marzo; 21 de marzo; 18 de marzo; 11 de agosto (San Tiburcio), aunque ésta sólo en Dinamarca durante el siglo XVI... Hay otra que me gusta más, que supone que el año empieza el domingo de Pascua de Resurrección, lo que quiere decir que cambia de día cada año. Mmm..., me salen al final ocho de uso general y la de San Tiburcio. Y eso por no hablar de otros calendarios como el romano, el griego, el chino o los precolombinos, claro.
Por supuesto, no me voy a entretener en explicar el por qué de cada una de las fechas que he escrito. Soy consciente de que es un tema para alguna curiosidad y poco más. Pido incluso excusas por lo extenso de la explicación.
A lo que voy. Si ni los que le dedicaron su tiempo se ponían de acuerdo en cuándo decidir el primero de año, no sé a qué viene tanta cosa de celebrar, atragantarse con uvas, vestir ropa interior roja, vestir de blanco, saltar varias veces las olas, tomar lentejas en la cena... Y sin embargo, sufro los petardos, la fiesta y todo lo demás con resignación, porque me acuesto más o menos a medianoche.
Los que me conocen, saben que yo tengo una visión más egocéntrica de los años que cumplimos. Para mí, el año comienza el dia del cumpleaños de cada cual. El año comienza no cuando el Estado o la Iglesia deciden, sino el día que nací yo, como la copla. Vale, es egoísta, ¿y qué?
Siempre felicito el nuevo año de mis amigos el dia que cumplen. Creo que es más adecuado, aunque claro, no fecho las cartas como "Día 3º después de mi nacimiento" o cosa parecida y menos en asuntos oficiales. Ya me parecería de una soberbia más que tremenda y va en contra de todo eso de normalizar o estandarizar o tipificar, que por otra parte es muy típico de mi profesión.
Al fin y al cabo, esto no es nuevo. ¿Acaso no se ha tenido en cuenta desde tiempo inmemorial cuándo es la fecha del nacimiento de alguien? Se usa en todas las culturas. No creo en la astrología ni otras mancias, pero a la vista está que hay mucha gente que se hace cartas astrales, que mira sus negocios o sus matrimonios según las fechas de nacimiento...
Yo uso mi nacimiento de un modo distinto, pero igualmente tengo mis rituales de paso, aplicados a mi cumpleaños. No son los que todo el mundo usa en el año nuevo, pero son míos, y eso es lo que importa.
A pesar de todo lo escrito hasta ahora, no voy a ser tan descortés y maleducada como para no felicitaros el Año Nuevo 2009 a los que me leen (¿hay alguien ahí?) y desear que nos pase lo mejor, dentro de las circunstancias.
Según el manual que he rescatado del armario, existían al menos seis formas establecidas de datar el principio del año, dentro siempre de la Era Cristiana, que es la que nosotros usamos: 1 de enero; 25 de diciembre; 25 de marzo; 1 de septiembre; 1 de marzo; 21 de marzo; 18 de marzo; 11 de agosto (San Tiburcio), aunque ésta sólo en Dinamarca durante el siglo XVI... Hay otra que me gusta más, que supone que el año empieza el domingo de Pascua de Resurrección, lo que quiere decir que cambia de día cada año. Mmm..., me salen al final ocho de uso general y la de San Tiburcio. Y eso por no hablar de otros calendarios como el romano, el griego, el chino o los precolombinos, claro.
Por supuesto, no me voy a entretener en explicar el por qué de cada una de las fechas que he escrito. Soy consciente de que es un tema para alguna curiosidad y poco más. Pido incluso excusas por lo extenso de la explicación.
A lo que voy. Si ni los que le dedicaron su tiempo se ponían de acuerdo en cuándo decidir el primero de año, no sé a qué viene tanta cosa de celebrar, atragantarse con uvas, vestir ropa interior roja, vestir de blanco, saltar varias veces las olas, tomar lentejas en la cena... Y sin embargo, sufro los petardos, la fiesta y todo lo demás con resignación, porque me acuesto más o menos a medianoche.
Los que me conocen, saben que yo tengo una visión más egocéntrica de los años que cumplimos. Para mí, el año comienza el dia del cumpleaños de cada cual. El año comienza no cuando el Estado o la Iglesia deciden, sino el día que nací yo, como la copla. Vale, es egoísta, ¿y qué?
Siempre felicito el nuevo año de mis amigos el dia que cumplen. Creo que es más adecuado, aunque claro, no fecho las cartas como "Día 3º después de mi nacimiento" o cosa parecida y menos en asuntos oficiales. Ya me parecería de una soberbia más que tremenda y va en contra de todo eso de normalizar o estandarizar o tipificar, que por otra parte es muy típico de mi profesión.
Al fin y al cabo, esto no es nuevo. ¿Acaso no se ha tenido en cuenta desde tiempo inmemorial cuándo es la fecha del nacimiento de alguien? Se usa en todas las culturas. No creo en la astrología ni otras mancias, pero a la vista está que hay mucha gente que se hace cartas astrales, que mira sus negocios o sus matrimonios según las fechas de nacimiento...
Yo uso mi nacimiento de un modo distinto, pero igualmente tengo mis rituales de paso, aplicados a mi cumpleaños. No son los que todo el mundo usa en el año nuevo, pero son míos, y eso es lo que importa.
A pesar de todo lo escrito hasta ahora, no voy a ser tan descortés y maleducada como para no felicitaros el Año Nuevo 2009 a los que me leen (¿hay alguien ahí?) y desear que nos pase lo mejor, dentro de las circunstancias.
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