jueves, 19 de mayo de 2011

Puerta del Sol

En abril de 2010, escribí un blogusino beligerante pidiendo, casi exactamente, lo que piden los acampados de la Puerta del Sol: modificación de la Ley electoral, fuera los políticos corruptos de las listas electorales, listas abiertas.

Alucino en colores... No es que me crea muy especial, pero veo que hay otros pensando lo mismo, organizándose, haciéndose oír... Y en general, en los medios políticos y de comunicación, dándoles palos porque los consideran descerebrados, o conspiradores de otro u otros partidos/tendencias políticas, o bien bonitos y huecos os entendemos, hay mucho que mejorar.

Y no, no me he pasado por ahí a dormir, a echar unas risas o unas soflamas. Me dan agobio las concentraciones de gente (lo descubrí cuando, muy solidaria, fui algunos años a la marcha del Orgullo Gay y decidí que no me compensaba estar allí con mis amigos... Siendo sincera, tampoco me pierde ni el espectáculo multicolor ni Mónica Naranjo).

Hice excepciones con las primeras marchas contra la guerra de Irak, aunque no fui a todas, porque no sé si recordais que empezaron a hacerse manis por todo, la calle de Alcalá hasta Sol continuó su fama de manifestódromo por anotonomasia.

Es evidente que mis opiniones no han cambiado un ápice desde el año pasado. Es evidente que yo no formo parte del movimiento organizador.

Estoy esperando ver qué pasa con todo esto el sábado, el domingo y con la resaca post-elecciones.

No estaría mal del todo que los políticos se dieran cuenta de que ya no necesitamos un sistema político-electoral tendente a un bipartidismo propio del siglo XIX. Que no se espanten porque haya muchos partidos con representación parlamentaria; ahora tenemos partidos de ámbito autonómico que aprietan bien las tuercas a los partidos mayoritarios "estatales" si éstos no llegan a ese Eldorado de impunidad política que es la mayoría absoluta.

Pendiente queda un blogusino musical de los últimos conciertos....

domingo, 8 de mayo de 2011

Músicas variadas en abril-mayo

El mes de abril ha sido muy propicio en conciertos de música, entre otras cosas porque la Semana Santa produce dos cosas: que en ese momento se paralice la actividad (como en Navidad), y que se concentre en las semanas precedentes y/o posteriores.

Como me dijo una amiga a la salida de uno: Marga, tú oyes muchos conciertos ¿no? Le contesté que, en efecto, cada vez me interesa menos la música enlatada y más la interpretación en vivo, aunque debo reconocer que oigo música en directo desde que era adolescente.


Ya he escrito alguna vez que no me gustan los barrocos tocados con piano, en general. Pero recuerdo unas sonatas de Scarlatti tocadas por Ivo Pogorelich hace muchos, muchos años que me dejaron fascinada... Y un Bach, tocado por el grandísimo Krystian Zimerman, que me irritó profundamente. Es decir, que no soy demasiado fanática de la interpretación historicista, siempre que se respete en lo posible el estilo.


El primero que recuerdo de abril es uno de Grigory Sokolov, con obras de Bach y Schu
mann. Bueno, pues hizo que me saliera humo por las orejas. Sé que es muy personal en su forma de tocar y bla, bla, bla. Pero todos los años viene a tocar y cada vez me irrita más. Dejo aparte lo ya escrito sobre el barroco en piano. Tocó Schumann como si fuera un Liszt pirotécnico, lo más fuera de estilo que se pueda imaginar... Y el público haciendo la ola, porque les encantan los virtuosos de dedos ágiles y ligeros. Me fui después del primer bis, porque no podía con ello.

El año que viene, ya me he comprometido a regalarle la entrada a un conocido, pianista por más señas, que tiene interés en ver cómo lo hace.


El segundo, tres días después, fue un concierto que me avisó mi maestro de coro. Un conjunto coral, Ars Nova Copenhagen, dirigido por Paul Hillier, un histórico cantante británico, de estos que tienen una afinación perfecta. He escuchado muchísimos discos en los que cantaba y dirigía, visto vídeos, de todo. El programa prometía: música de la época Tudor y de Arvo Pärt.


Y el concierto fue muy, muy bueno, música bellísima... Yo no terminé de entrar a fondo, porque mezclaba repertorio renacentista con las obras de Pärt, que es un músico contemporánero muy interesante. Hubiera disfrutado más si lo hubieran separado, porque yo necesito atender a cosas distintas según el repertorio. No sé si me explico.


Ah, sospecho por alguna cosilla de las notas que quien las firma cree que el común de los mortales sabe más de historia de Inglaterra de lo habitual, o bien que hemos visto todas las temporadas de Los Tudor.


Después del concierto, unos cuantos nos fuimos a cenar y acabamos a las tantas, hablando de música y de muchas otras cosas. Fue cuando mi amiga me dijo lo que encabeza este blogusino.


Cuatro días más tarde, otro concierto, esta vez de lied por Bejun Mehta y Julius Drake, con obras variadas, desde el siglo XVII al XX. Fue muy interesante, aunque no se le entendía nada de los textos (mi compañero de asiento es profesor de inglés y me reafirmó en mis dudas). La voz muy bonita, eso sí.


Y tuve la suerte de encontrarme con unos amigos de la Universidad, que no había vuelto a ver en unos veinte años. Por fortuna, nos conservamos todos muy bien y nos reconocimos. Fuimos a tomar unas cañas y a ponernos al día, como es natural.


El ritmo de conciertos se ralentizó un poco, porque me dejó una semana de descanso entre el que acabo de comentar y el siguiente, pero me fui a ver un espectáculo en el que se cantaba y se bailaba:


La danza de la Muerte/dança da Morte, una coproducción hispano-portuguesa que me pareció muy interesante. Sencilla pero efectiva, mezclaba la tradición medieval hispana de la danza de la muerte con las obras de Gil Vicente. Los cantantes eran los propios actores y fueron muy correctos en lo que al canto se refiere. Tuve algún problema en entender a una actriz portuguesa que hablaba muy rápido y con un acento muy cerrado, pero en general, me pareció estupendo.


Y luego, el fantástico concierto de Leif-Ove Andsnes. El programa era muy exigente y realmente bonito, con la sonata Waldstein de Beethoven, las 4 baladas op. 10 de Brahms, un Schoenberg temprano y la sonata op. 32 de Beethoven para finalizar.


Ví lo que nunca creí que iba a pasar: como es habitual en nuestros conciertos, el personal está siempre enfermísimo de tos y no hace ningún caso de las indicaciones sobre los teléfonos móviles (ya, ya sé que debería decirse portátiles, porque móvil es el que se mueve por sí solo). Pues bien, en las sonatas de Brahms, suena uno, horrible y estridente... El pianista
se para sobre las teclas que iba a pulsar, manteniendose estático (y estaban en un extremo del teclado) hasta que se deja de oír el soniquete de marras. Impávido, sigue tocando hasta el final. Fin de la primera parte. Al terminar el descanso, se oye una voz por megafonía que pide encarecidamente que se compruebe que los móviles están apagados. Así pudimos escuchar, como en un nirvana, una de las mejores interpretaciones de la sonata op. 111 de Beethoven que yo recuerde.

Dos días más tarde, me invitaron a ir a un concierto en el Monasterio de las Descalzas, conmemorando en nacimiento de Dª María Bárbara de Braganza, mujer de Fernando VI y protectora de Scarlatti. El programa lo constituían obras de diversos compositores portugueses del siglo XVIII (incluyendo brasileños), y un par de sonatas del mencionado Scarlatti. Para mí, casi todas las obras eran desconocidas, y no había oído ni leído nada de la mayoría de los autores. El teclista era Nicolau de Figueiredo, un clavecinista brasileño que tocó con mucho arte y nos contó porqué había elegido ese repertorio tan inusual. Fue realmente interesante, aparte del "marco incomparable".


Ya en mayo, fui el jueves pasado a ver la ópera El rey Roger de Szymanowski. Me habían hablado muy bien de los cantantes y del coro, de la música y la interpretación en general, y muy mal de la escenografía. El mismo escenógrafo hizo una producción que se vió hace una o dos temporadas, El caso Makropoulos, excepcional, muy buena; pero esta vez creo que ha patinado, y eso que algunas cosas me recordaban a la puesta en escena de la obra de Janacek.


Sin embargo, considero que ya la obra era complicada de entender (por mucho que estuviera basada en Las Bacantes de Eurípides), para que encima nos metieran asuntos externos a la ópera como elementos de la puesta en escena. Me refiero a las referencias a la toxicomanía y la homosexualidad del compositor, así como el guiño pop de las máscaras de Mickey Mouse -que funcionaba muy bien en El caso Makropoulos con King Kong-, que no añaden nada a la acción en sí y embrollan mucho, haciendo incongruente la obra.


Por otra parte, si buscan escandalizar por poner unas proyecciones de Warhol o de Pasolini, o por hacer que los protagonistas canten en ropa interior, creo que es un recurso muy fácil y manido... Todavía me acuerdo de la puesta en escena de Bieito del
Wozzeck, que era más extremada en ese aspecto.

Y por fin, esta tarde voy a ver la puesta en escena de El burgués gentilhombre , de Molière-Lully. Tengo muchas ganas de darme un baño de grandeur barroca.

Ah, y este mes hay cosas interesantes en la Filmoteca.

sábado, 2 de abril de 2011

Lo prometido es deuda.

Sí, he vuelto con renovados ímpetus y hoy voy a escribir sobre... pan. O más bien, sobre determinados aspectos de la cosa panificadora.

Llevo dándole vueltas desde que, el otro día, estaba comentando mis experiencias con el pan, el horno y todo lo demás. Mi atenta oyente es hija, nieta, sobrina de panaderos. Yo no sabía de esta circunstancia genética
tan amplia (sólo que su padre había sido panadero, entre otros oficios) cuando le llevé una de mis primeras hogazas, toda ufana.

La miró, dijo de su corteza, al cabo del rato la abrió y dió su aprobación a la miga. Y luego me dijo que estaba buena de sabor, con lo cual yo iba como Vicki el vikingo, diciendo "qué contenta estoy" y dando botes.


Pero sigamos con el relato. Hablaba yo de mis problemillas con el horno (creía que tenía un horno bastante digno... Hasta que me compré un termómetro de horno y descubrí que la media es 30º C
menos de lo que marca el termostato) y las harinas, el amasado y demás.

Al hilo de esto y hablando de lo que me dura tierno el pan que hago (una semana), empecé a pensar en costes. No sé, realmente, si hago un buen negocio con el amasamiento de mis dos hogazas (330 g de harina, etc.), la horita que se tira el horno para alcanzar la temperatura y otros pormenores. Mi amiga decía que me sale más a cuenta pagar los 60 céntimos de la barra de pan de la panadería (de barrio, normalita), aunque a los dos días no sirva ni para hacer tostadas. Sí, claro que tiene otras compensaciones, digamos sentimentales -lo decía ella-:

  • el mito de la autosuficiencia (solo me faltaba pillar un ático con terraza y poner una jaulita para las gallinas como en Mujeres..., o buscar un terreno y ponerme a sembrar trigo),
  • el mito de lo natural, de saber qué estás comiendo (para eso necesito sembrar mi trigo...).
Sí es cierto que me gusta hacer cosas por mí misma, coser mi propia ropa, comer lo que cocino, pero no creo que pudiera sobrevivir si me abandonaran en plan robinson, en principio. Soy demasiado urbana, he pasado mi vida en una ciudad de más de 3 millones de habitantes, y lo más parecido a la aventura es que fui girl-scout en mi adolescencia.

Con todo eso, me da por pensar que, en España, los aficionados a hacer pan en casa debemos tener un perfil general del tipo: nivel adquisitivo y cultural medio al menos, con tiempo de ocio (hay panes que necesitan procesos de 6-7 horas), etc. En otros países de Europa, sobre todo en el Norte, lo de hacer pan en casa es más habitual, aquí me da que es una moda temprana.


Yo me considero de clase media, con nivel educativo medio. No entro en la historia de si hombres o mujeres, con familia o no... Pero que hay tiempo el domingo para amasar, fermentar y hornear, sí (la única vez que no estuve pendiente de los tiempos de elaboración, el pan salió bastante mejorable. No vuelvo a hacerlo).


En Estados Unidos, no es baladí que el consumo de comida basura esté ligado a los estratos menos favorecidos socialmente, con mayores índices de enfermedad, obesidad, criminalidad y menores índices de educación y asistencia social. Las clases altas son las que se preocupan por su alimentación, por realizar ejercicio físico, etc.


En España, los productos ecológicos son mucho más caros, lógico si atendemos a los procesos que teóricamente no entran en su elaboración (no hay abono artificial, ni pesticidas, ni alimentación con determinados piensos...). Eso quiere decir que el consumidor habitual debe tener más dinero para poder comprar un pimiento ecológico, por poner un ejemplo.


Puedo estar equivocada, pero me parece que en el libro Food. A History, de Felipe Fernández-Armesto (traducido en España como Una historia de la comida) habla algo de ello. No lo tengo a mano y no lo puedo contrastar, pero ahí va un libro interesante para leer.


De todos modos, la sensación de hacer tu propio pan y jugar con la masa (momento plastelina, que lo llamo), es impagable.
Lo recomiendo al menos una vez en la vida.

viernes, 25 de marzo de 2011

Vuelvo por un rato, con una miscelánea

Uff! No me había dado cuenta de todo el tiempo que ha pasado desde el último blogusino... En teoría los blogs están muertos si no se actualizan al menos cada 3 meses.

¡¡¡Revive!!!

Mea culpa:

La verdad es que, tras unos comienzos bastante prometedores y una larga travesía del desierto, estoy enganchadísima en lo de hornear mi propio pan, desde que el día 6 de enero empecé a hacer roscones de Reyes. Como salieron bien, recobré la confianza en mí misma ("las posibilidades del hombre soviético son ilimitadas"*) y ahora horneo una vez a la semana, que es lo que me dura sin quedarse como una piedra. No llego a los niveles de alguna amiga mía, pero me voy metiendo en el asunto de los hornos, las harinas, etc.

No consigo que me termine de gustar el pan de trigo integral, aunque el de espelta me mola más, tiene la miga más jugosa. Me tengo que poner con el pan de centeno, mi sueños es tener mano suficiente para hacer esos deliciosos panes suecos, crujientes como tostadas, y untar el paté de pollo que hago de vez en cuando. Pero eso será en unos meses, creo, cuando me empolle el libro que he encargado a una amiga, aprovechando que se iba unos días a Estocolmo.

Bueno, los párrafos anteriores son para explicar que, aunque no me quedo embobada mirando cómo sube la masa, el proceso de elaboración lleva su tiempo, que me quita de escribir.

Otra de las razones por las que me he demorado en hacer un nuevo blogusino es, como ya comenté en alguno anterior, porque me he empezado a meter en blogs de cocina y es algo apasionante. Tanto que no me queda tiempo para hacer nada, entre leerlos y echar un vistazo a los desastres diarios que nos cuentan los periódicos.

Durante esta semana me he puesto como loca a cocinar. No sé si es por la presión en el trabajo (otro roba-energías), que me impulsa a evadirme (y mis evasiones son el canto y la cocina, ya se sabe), porque la primavera me está alterando la sangre y el sueño...

Maldición, este fin de semana cambia la hora, para mi desgracia y la del resto de Europa. No tengo claro eso del ahorro energético, realmente pienso que es más fácil y biológico que volvamos a trabajar de sol a sol, o por lo menos, adaptando nuestros horarios laborales a los propios biorritmos. Horarios flexibles, en suma. Yo no consigo llegar despierta al trabajo en invierno (9 como hora límite de fichar) y apuro el tiempo en la cama, mientras que en verano se me abren los ojos y estoy fresca como una lechuga mucho antes de las 7. Y pienso que esto es por la propia burricie racional de la especie humana.

Y, la verdad, se te queda el cuerpo bastante mal, cuando ves lo que ha pasado en Japón.

Me he acordado mucho de dos encantadoras japonesas que conocí hace unos cuantos años, en aquel curso de idiomas muy internacional, que hicieron el mejor sushi que he comido en mi vida para la cena de confraternización (desde entonces, ya no pruebo comida japonesa). A ellas les perdí la pista, junto con el resto de integrantes del curso... Y sí, lo que hicimos los españoles fue tortilla de patatas, un clásico.

Pensé en un montón de blogusinos posibles, pero me podía la pereza o el darle su tiempo. Y con algunas circunstancias vitales, se me ha ido la autoexigencia de escribir una vez por semana. Ni siquiera he ido suficientemente al cine o a la Filmoteca para comentar películas interesantes; y los conciertos... No sé por qué, no consigo emocionarme tanto como en otros momentos.

Para terminar, el año pasado tuve una época de lo más beligerante en mis escritos, que si la ley electoral, la corrupción, la prostitución... Se me fue de las manos.

Yo imaginaba al iniciar el blog hacer algo sencillito, sin complicaciones, sin mostrar mentalidades o ideologías. Ya, ya sé que es mejor entonces hacer un blog de fotos, por ejemplo, o de cocina (y dale...). Pero yo no valgo para eso. No cocino tan bien, y de las fotos ni hablamos.

Se impone una refundación del artilugio. Por lo pronto, la semana que viene escribo otra cosa, quizá tan errática como ésta (ya, ya sé que ahora se escribe sin acento... Y que soy especialista en blogusinos incoherentes). Queda como declaración de intenciones tres meses más tarde del primero de año.

* frase de un estupendo baloncestista soviético cuando comenzó a jugar en la NBA. Esto fue antes de la caída del muro de Berlín y todo lo demás, claro...

viernes, 31 de diciembre de 2010

Poema de Año Nuevo (de Tennyson)

Ring out, wild bells, to the wild sky,
The flying cloud, the frosty light;
The year is dying in the night;
Ring out, wild bells, and let him die.

Ring out the old, ring in the new,
Ring, happy bells, across the snow:
The year is going, let him go;
Ring out the false, ring in the true.

Ring out the grief that saps the mind,
For those that here we see no more,
Ring out the feud of rich and poor,
Ring in redress to all mankind.

Ring out a slowly dying cause,
And ancient forms of party strife;
Ring in the nobler modes of life,
With sweeter manners, purer laws.

Ring out the want, the care the sin,
The faithless coldness of the times;
Ring out, ring out my mournful rhymes,
But ring the fuller minstrel in.

Ring out false pride in place and blood,
The civic slander and the spite;
Ring in the love of truth and right,
Ring in the common love of good.

Ring out old shapes of foul disease,
Ring out the narrowing lust of gold;
Ring out the thousand wars of old,
Ring in the thousand years of peace.

Ring in the valiant man and free,
The larger heart, the kindlier hand;
Ring out the darkness of the land,
Ring in the Christ that is to be.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Lecturas 2010

Bueno, como viene siendo habitual, ahí van las lecturas de este año.

  • Sendak, Maurice. Where the wild things are.
  • Hornby, Nick. 31 songs.
  • Sert, Francisco. El goloso.
  • Bernstein, Leonard. El maestro invita a un concierto.
  • Mutis, Álvaro. Abdul Bashur, soñador de navíos.
  • Giardinelli, Mempo. Luna caliente.
  • Vaquerizo, Desiderio. Chocolate con veneno.
  • Sun Zi. Arte de la guerra.
  • Ellis, Albert. Ser feliz y vencer las preocupaciones.
Debo decir, en mi descargo, que no he incluido dos libros de técnica y recetas para hacer pan, que los devoré rápidamente, y que tengo otros tres a medio leer:

  • McGee, Harold. La cocina y los alimentos.
  • Wilde, Oscar. The picture of Dorian Gray.
  • Locke, John. Ensayo sobre el gobierno civil.
La verdad es que ha sido un año intenso, y quizá por eso ni he leído ni he escrito mucho. Me he cambiado de casa y estuve embrollada con eso varios meses. Como siempre pasa, los cambios me restan tiempo para determinadas cosas.

Echo de menos a mis compañeras del club de lectura, que por distintas razones ya no nos reunimos, pero algunos de los libros que he leído este año fueron por su sugerencia.

A ver si el que viene es un poco más productivo en la lectura, que parece que me estoy atocinando...

Y, por cierto, Feliz Año Nuevo 2011.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un Madrid de cuento

Como todos los años desde hace bastantes, llega en noviembre un Madrid de Cuento. Narradores de muchos sitios (o que han estado en muchos sitios) están ya contando sus historias en bibliotecas, residencias, bares...

Estarán hasta el día 28. Mirad este enlace y descargaos el programa...

Disfrutad con los cuentos.