Pues eso, en esta semana vacacional me he dedicado a lo que dije en el anterior blogusino: pasear (poco) retomar mis actividades extraescolares, dedicarme al marujeo, cocinar (poco también)...
Este sábado vino el gran Cefaleas con su chica, y allá que nos fuimos los tres en amor y compañía al concierto de Leonard Cohen. Llevábamos tiempo con las entradas compradas y después de la cancelación de João Gilberto necesitaba un baño de vieja gloria, letras con sentido y sensación nostálgica. [Esto me recuerda que quizá el mes pasado oí, en el gran almacén que estáis pensando, una de las versiones más horrendas que he escuchado nunca de aguas de março, en español. Me tuve que ir de allí, no podía soportarlo].
Reconozco que le tengo poco pillado el punto al viejete canadiense, esto es, igual que los Beatles, no tengo ni un solo disco suyo ni en cd ni en vinilo. Pero he oído lo suficiente como para saberme bastante de lo que dió ayer. No voy a hacer comentario de lo que me pareció, a la espera de comprobar si lo que yo percibí es lo mismo que quienes se presume tienen conocimiento, en los periódicos.
Lo bueno, el tipo y la banda estuvieron tres horitas más o menos, con sus veinte minutillos de descanso, lo que le honra. Estoy cansada de gastarme una pasta por una horita, a lo sumo hora y media de música, sobre todo en según qué cosas.
Los músicos todos muy profesionales y destaco a la primera corista, que no lo era realmente y tenía una voz preciosa. Que alguien me explique por qué Cohen se pasó casi más tiempo de rodillas en el escenario que de pie, no logro entenderlo por muchas cábalas que haga.
Fuera de eso, fin de semana de comilonas varias, desayunos pantagruélicos, visitas a un par de librerías en donde he comprado tres libritos variados. Si me los leo antes de fin de año, los veréis en la lista de lecturas de diciembre.
Intrascendente del todo. Me parece que estoy derivando mis blogusinos a la típica relación de lo que he hecho, sin maldito análisis ni nada de nada.
Las vacaciones me sientan mal...
domingo, 13 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
Cosas que hacer en Madrid cuando estás...
... de vacaciones:
Pues sí, esto es lo que hay, tengo unos días de vacaciones y no me voy a mover de acá. Me dió el agobión de "unas vacaciones sin salir de casa, ¡¡anatema!!" como una semana antes. Pensé en darme unos barros en un balneario, que me mimaran (necesito mimos... Siempre necesito mimos, ¿quién no?)... Luego pensé en las duchas escocesas y en los pediluvios, ese invento digno del marqués de Sade, y decidí que esta vez no.
Un amigo me sugirió irme a Madeira, diciendo que si era el paraíso en la Tierra y blablabla. La verdad es que hace tiempo ví un documental en la tele y parecía un lugar maravilloso, por no hablar del vino. Ya me veía yo cargada de botellas para parientes y amigos...
Toda decidida, me compré una guía y un librillo de conversación para intentar entender lo que dicen y pedir lo básico. Algo que me sorprendió es que la pronunciación la transcriben no en lenguaje fonético, sino usando la grafía normal de las palabras. Yo que esperaba ver esos graciosos signitos que están al lado de las palabras en el diccionario de inglés (si es bueno), y que ya me he acostumbrado a descifrar (la culpa la tiene mi primer profesor de inglés serio que tuve, a los 8 años, empeñado en que todos aprendiéramos los signos fonéticos). Pero estoy divagando...
Creo que ya he comentado alguna vez que mi portugués es inexistente, aunque de broma lo hable con un par de amigos brasileños, siempre con alguna copa ingerida (es alucinante lo fluido que sale cualquier idioma con una adecuada dosis de vinazo). La clave es imitar el habla (para los españoles es más fácil la de Brasil que la de Portugal) y sólo usar palabras que suenen suficientemente antiguas para que ambos idiomas las tengan; y estar de broma... Si te tomas en serio es imposible.
Precisamente, uno de estos amigos brasileños es el que me recomendaba Madeira "para mejorar mi portugués".
Pues bien, cuando me disponía a ver precios y demás, me dí cuenta de que el paraíso terrenal está fuera de mi presupuesto, por ahora. Y que no me siento a gusto sin saber el idioma del sitio al que voy; así que lo he dejado por el momento.
De ahí el título del blogusino de hoy, parafraseando el título de una película que no ví. A propósito: ¿Por qué hubo una época en que los títulos de las películas eran casi tan largos como el argumento?... Bueeno, como el título de cierto segundo volumen de cierta trilogía cuya traducción literal tiene seis palabras y han puesto una especie de testamento. [Es una maldad, lo sé].
En fin, que voy a aprovechar para irme a la Filmoteca: Este mes dan dos ciclos de no perderse, uno de Jim Jarmusch y otro de Mankievicz (o como se escriba). Ya he ido a ver algunas de las de Jarmusch, pues no le tengo tan presente como Julius Caesar o El fantasma y la Sra. Muir o All about Eve, que tampoco me voy a perder ni por casualidad.
Pero de Jarmusch me gusta su blanco y negro y las bandas sonoras, aparte de las cosas que cuenta en cada película, claro. La útima que he ido a ver suya es Dead Man, una del oeste. Creía que no iba a ser tan sórdida, pero es algo que percibes con nitidez cuando vuelves a casa, menos mientras la ves. Y la banda sonora es un puro guitarrazo de Neil Young (yo iba sobre todo a escuchar qué había hecho), tan descarnado como lo que te cuenta.
Leyendo las notas de la programación me enteré de que Jarmusch empezó su carrera artística como poeta. Así no me extraña que, al menos en dos de las tres películas que he visto en días consecutivos, se recitaban diversos fragmentos de poemas, de William Blake a Walt Whitman. No sé si es el puntillo pedante, que en realidad para él tiene sentido en sus películas... Pero me gusta.
También aprovecharé para pasear, para ver exposiciones, para organizar un poco mi caótica vida antes del verdadero inicio de curso.
Ya, debería escribir un poco más, ¿no?
Pues sí, esto es lo que hay, tengo unos días de vacaciones y no me voy a mover de acá. Me dió el agobión de "unas vacaciones sin salir de casa, ¡¡anatema!!" como una semana antes. Pensé en darme unos barros en un balneario, que me mimaran (necesito mimos... Siempre necesito mimos, ¿quién no?)... Luego pensé en las duchas escocesas y en los pediluvios, ese invento digno del marqués de Sade, y decidí que esta vez no.
Un amigo me sugirió irme a Madeira, diciendo que si era el paraíso en la Tierra y blablabla. La verdad es que hace tiempo ví un documental en la tele y parecía un lugar maravilloso, por no hablar del vino. Ya me veía yo cargada de botellas para parientes y amigos...
Toda decidida, me compré una guía y un librillo de conversación para intentar entender lo que dicen y pedir lo básico. Algo que me sorprendió es que la pronunciación la transcriben no en lenguaje fonético, sino usando la grafía normal de las palabras. Yo que esperaba ver esos graciosos signitos que están al lado de las palabras en el diccionario de inglés (si es bueno), y que ya me he acostumbrado a descifrar (la culpa la tiene mi primer profesor de inglés serio que tuve, a los 8 años, empeñado en que todos aprendiéramos los signos fonéticos). Pero estoy divagando...
Creo que ya he comentado alguna vez que mi portugués es inexistente, aunque de broma lo hable con un par de amigos brasileños, siempre con alguna copa ingerida (es alucinante lo fluido que sale cualquier idioma con una adecuada dosis de vinazo). La clave es imitar el habla (para los españoles es más fácil la de Brasil que la de Portugal) y sólo usar palabras que suenen suficientemente antiguas para que ambos idiomas las tengan; y estar de broma... Si te tomas en serio es imposible.
Precisamente, uno de estos amigos brasileños es el que me recomendaba Madeira "para mejorar mi portugués".
Pues bien, cuando me disponía a ver precios y demás, me dí cuenta de que el paraíso terrenal está fuera de mi presupuesto, por ahora. Y que no me siento a gusto sin saber el idioma del sitio al que voy; así que lo he dejado por el momento.
De ahí el título del blogusino de hoy, parafraseando el título de una película que no ví. A propósito: ¿Por qué hubo una época en que los títulos de las películas eran casi tan largos como el argumento?... Bueeno, como el título de cierto segundo volumen de cierta trilogía cuya traducción literal tiene seis palabras y han puesto una especie de testamento. [Es una maldad, lo sé].
En fin, que voy a aprovechar para irme a la Filmoteca: Este mes dan dos ciclos de no perderse, uno de Jim Jarmusch y otro de Mankievicz (o como se escriba). Ya he ido a ver algunas de las de Jarmusch, pues no le tengo tan presente como Julius Caesar o El fantasma y la Sra. Muir o All about Eve, que tampoco me voy a perder ni por casualidad.
Pero de Jarmusch me gusta su blanco y negro y las bandas sonoras, aparte de las cosas que cuenta en cada película, claro. La útima que he ido a ver suya es Dead Man, una del oeste. Creía que no iba a ser tan sórdida, pero es algo que percibes con nitidez cuando vuelves a casa, menos mientras la ves. Y la banda sonora es un puro guitarrazo de Neil Young (yo iba sobre todo a escuchar qué había hecho), tan descarnado como lo que te cuenta.
Leyendo las notas de la programación me enteré de que Jarmusch empezó su carrera artística como poeta. Así no me extraña que, al menos en dos de las tres películas que he visto en días consecutivos, se recitaban diversos fragmentos de poemas, de William Blake a Walt Whitman. No sé si es el puntillo pedante, que en realidad para él tiene sentido en sus películas... Pero me gusta.
También aprovecharé para pasear, para ver exposiciones, para organizar un poco mi caótica vida antes del verdadero inicio de curso.
Ya, debería escribir un poco más, ¿no?
domingo, 30 de agosto de 2009
Algo prometido sobre traducciones
Ahora que estoy volviendo a cogerle el tranquillo a escribir blogusinos, voy a ir cumpliendo todas las promesas que hice en los anteriores y comentar cosillas.
Una de mis promesas fue escribir sobre porqué no soporto las traducciones... Las malas traducciones, quiero decir. Pues porque me pongo paranoide y ya no me creo nada de nada de lo que me cuenta el autor, por culpa del traductor.
Sé que es un defecto, pero como sólo puedo cerciorarme de mi buen ojo lingüístico en los idiomas más habituales (no el alemán, eso son palabras mayores), sé que me estoy perdiendo toda la literatura rusa, la alemana, las orientales... Un desastre. Mis amigos me dicen que soy exagerada, pero es que me pone de mal humor toparme con errores de bulto y pobreza lingüística.
Aguanto mal las erratas, pero que el tipo que te está llevando de la mano para que descubras una historia sea algo así como un bandolero de Sierra Morena con el lenguaje, me revuelve las tripas.
Porque (lo he comprobado, ojo) no sólo es que confunda retrato con fotografía, como en la traducción de A suitable boy que circula en español; es que suelen cargarse el estilo del autor, convirtiendo una posible obra maestra en un tocho infumable.
Acabo de mencionar la obra de Vikram Seth porque eso lo he vivido: mi hermana le regaló la traducción a una tía nuestra, pues a ella le había encantado en versión original. Al cabo del tiempo estuvieron comentándolo y mi tía dijo que no le había gustado nada, que era un peñazo. Un día me encontré un ejemplar traducido en el trabajo y le dí un somero repaso; ahí me dí cuenta de por qué mi tía no consiguió "entrar" en el libro. También me ocurrió con un libro que sugerí a mis amigas del club de lectura: Verre cassé, de Alain Mabanckou. En la traducción se pierde mucha de la riqueza del estilo. Lo sé porque estuvimos comentándolo. Y recuerdo la decepción que me llevé al leer El señor de los anillos en versión inglesa y compararla con la traducción que me había subyugado a los 16.
En otros lo noto, no puedo pensar que algo que mis amigos me han recomendado con tanto fervor sea tan plano. De hecho, en los idiomas que controlo más o menos (y en alguno que no controlo en absoluto, pero es que soy una temeraria), suelo leer la versión vernácula. Me resulta más cansado, sí; que pierdo matices, también; pero por lo menos estoy segura de que realmente es eso lo que me quieren contar. Y si no me entero, mala suerte, es mi problema, a estudiar de nuevo la gramática...
Me machaca pensar que no voy a disfrutar plenamente de Eugenio Oneguin, o del Fausto. Item más, que en una de mis conversaciones con mi dilecto maestro, salió este tema y me comentó que ahora se están haciendo nuevas traducciones del ruso al español, porque lo que conocíamos no tiene que ver con lo que cuenta ni Chejov, ni Tolstoi, ni cualquiera de los demás.
Y yo ya estoy mayor para ponerme a estudiar idiomas complejos con grafías distintas...
Por otra parte, sé que la traducción es asunto de cuidado. Quizá por eso, me gustaría que la calidad fuera mayor, ya que España es uno de los países con mayor producción editorial y se nutre en gran parte de traducciones. Mmm, vaya, ya salió el gusanito bibliotecario...
Pido disculpas por este blogusino reivindicativo, pero es que me acaba de pasar con un libro que me han regalado. Me temo que el traductor no le ha pillado el punto porque ha pasado sin pena ni gloria por mis neuronas.
Una de mis promesas fue escribir sobre porqué no soporto las traducciones... Las malas traducciones, quiero decir. Pues porque me pongo paranoide y ya no me creo nada de nada de lo que me cuenta el autor, por culpa del traductor.
Sé que es un defecto, pero como sólo puedo cerciorarme de mi buen ojo lingüístico en los idiomas más habituales (no el alemán, eso son palabras mayores), sé que me estoy perdiendo toda la literatura rusa, la alemana, las orientales... Un desastre. Mis amigos me dicen que soy exagerada, pero es que me pone de mal humor toparme con errores de bulto y pobreza lingüística.
Aguanto mal las erratas, pero que el tipo que te está llevando de la mano para que descubras una historia sea algo así como un bandolero de Sierra Morena con el lenguaje, me revuelve las tripas.
Porque (lo he comprobado, ojo) no sólo es que confunda retrato con fotografía, como en la traducción de A suitable boy que circula en español; es que suelen cargarse el estilo del autor, convirtiendo una posible obra maestra en un tocho infumable.
Acabo de mencionar la obra de Vikram Seth porque eso lo he vivido: mi hermana le regaló la traducción a una tía nuestra, pues a ella le había encantado en versión original. Al cabo del tiempo estuvieron comentándolo y mi tía dijo que no le había gustado nada, que era un peñazo. Un día me encontré un ejemplar traducido en el trabajo y le dí un somero repaso; ahí me dí cuenta de por qué mi tía no consiguió "entrar" en el libro. También me ocurrió con un libro que sugerí a mis amigas del club de lectura: Verre cassé, de Alain Mabanckou. En la traducción se pierde mucha de la riqueza del estilo. Lo sé porque estuvimos comentándolo. Y recuerdo la decepción que me llevé al leer El señor de los anillos en versión inglesa y compararla con la traducción que me había subyugado a los 16.
En otros lo noto, no puedo pensar que algo que mis amigos me han recomendado con tanto fervor sea tan plano. De hecho, en los idiomas que controlo más o menos (y en alguno que no controlo en absoluto, pero es que soy una temeraria), suelo leer la versión vernácula. Me resulta más cansado, sí; que pierdo matices, también; pero por lo menos estoy segura de que realmente es eso lo que me quieren contar. Y si no me entero, mala suerte, es mi problema, a estudiar de nuevo la gramática...
Me machaca pensar que no voy a disfrutar plenamente de Eugenio Oneguin, o del Fausto. Item más, que en una de mis conversaciones con mi dilecto maestro, salió este tema y me comentó que ahora se están haciendo nuevas traducciones del ruso al español, porque lo que conocíamos no tiene que ver con lo que cuenta ni Chejov, ni Tolstoi, ni cualquiera de los demás.
Y yo ya estoy mayor para ponerme a estudiar idiomas complejos con grafías distintas...
Por otra parte, sé que la traducción es asunto de cuidado. Quizá por eso, me gustaría que la calidad fuera mayor, ya que España es uno de los países con mayor producción editorial y se nutre en gran parte de traducciones. Mmm, vaya, ya salió el gusanito bibliotecario...
Pido disculpas por este blogusino reivindicativo, pero es que me acaba de pasar con un libro que me han regalado. Me temo que el traductor no le ha pillado el punto porque ha pasado sin pena ni gloria por mis neuronas.
domingo, 23 de agosto de 2009
Lo prometido es deuda
Sí, había prometido escribir un blogusino intrascendente y veraniego sobre candelabros, item más que el viernes una maravillosa amiga me regalo un portavelas con margaritas y esta noche lo he estrenado en una de mis cenas con velas de domingo. Menú frugal, que con los calores no me apetece cocinar.
Para arreglarlo y darle un aire suficientemente interesante, velas y música. He puesto unos cuantos de mis candelabros propios y los que me han ido regalando: ese precioso con forma de concha que me regaló mi hermana de aquel viaje a Estocolmo; el que os he contado en el primer párrafo y los altos candelabros de ébano que me ha traído un amigo de sus vacaciones en Tanzania.
La música: un disco que me traje del último viaje a Lisboa, cuando fuimos a uno de los conciertos primaverales del Coro de la Universidade Nova. Se trata de una grabación del grupo Sete lágrimas con diversas músicas de los países en donde Portugal tuvo colonias, incluyendo España... Como si fueran ellos los que nos invadieron y no nosotros en 1580, je je... Me lo compré por la curiosidad de escuchar cómo se enfrentaban al Con amores mi madre de Juan de Anchieta.
Pues bien, es bonito, sonido pulido... Fantástico para una comida o cena tranquila y sin pretensiones. Como la de hoy, como tantas otras.
En una de esas "otras" reparé en el alucinante texto de la última canción, En tus brazos una noche. Me fijé porque es una de las pocas canciones que están en español - sí, hay pendiente un blogusino sobre el español y el castellano, pero hoy no toca - , el compositor es un tal Manuel Machado, muerto en 1646. El texto no me resisto a copiarlo, porque tiene miga:
En tus brazos una noche,
me soñé, Filis, durmiendo:
despertóme la alegría,
y volvióse en llanto el sueño.
¿Qué delitos fomentan tus sinrazones?
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
Cuando estás velando,
me estás ofendiendo:
suéñote durmiendo,
siéntote matando.
Peligroso ando con tus rigores.
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
No he conseguido encontrarlo en otras fuentes y en el folleto del disco viene todo seguido, así que no estoy segura de que esté bien escrito. Hay un desbarajuste total en la versificación.
A lo que vamos: en el disco no indica quién es el autor del texto, que me sorprendió por lo elaborado, un magnífico ejemplo de poesía barroca. Realmente, me quedé pasmada tanto por lo que dice como por la forma. El recurso al qué bonito que sueño contigo es muy típico de toda la poesía amorosa, pero lo que cuenta en los primeros versos es mucho más "físico", si se me permite la expresión. Y sólo uno de los grandes puede hacerlo con tal sutileza.
Empecé a investigar sobre el tal Machado, que estuvo bastante tiempo en Madrid. Al final, me encontré con que el autor del texto es Félix Lope de Vega Carpio, con todo su nombre y su apellido. Ya tendría que haberme mosqueado con las fechas del compositor y ese Filis tan sospechoso. Pero lo confieso, no tengo las obras completas de éste, ni de Calderón, ni de Quevedo, ni de Góngora... Tampoco de otros. Las bibliotecas públicas sirven para eso ¿no?, para leer lo que no te cabe en casa. La referencia la encontré en el Cancionero musical de Lope, una recopilación de las obras de éste a las que se ha puesto música.
Ojalá los de Sete Lágrimas se hubieran tomado la molestia de anotarlo... Aunque no estuvo mal lo de mirar un poquito.
Al hilo de toda la peripecia, y para terminar, estuve dándole al magín sobre los textos que tuve que comentar en el instituto, ninguno tan tremendo como éste; las vidas también turbulentas de otros poetas del barroco: Gregorio de Mattos, el conde de Villamediana, Marino, Shakespeare; y lo poco que se pone en contexto (o ponía) la obra con la vida.
Tengo la teoría de que esta tendencia viene de una pudibundez decimonónica enfermiza. Cualquiera que conozca un poco el teatro de época, como el isabelino, sabe que las obras derrochan sangre, violencia y sexo, que hay un montón de referencias escabrosas en Shakespeare, pero también en Moliére. Mmm, parece que nos olvidamos de que eran "demasiado humanos", aunque ahora estén en el panteón.
Para arreglarlo y darle un aire suficientemente interesante, velas y música. He puesto unos cuantos de mis candelabros propios y los que me han ido regalando: ese precioso con forma de concha que me regaló mi hermana de aquel viaje a Estocolmo; el que os he contado en el primer párrafo y los altos candelabros de ébano que me ha traído un amigo de sus vacaciones en Tanzania.
La música: un disco que me traje del último viaje a Lisboa, cuando fuimos a uno de los conciertos primaverales del Coro de la Universidade Nova. Se trata de una grabación del grupo Sete lágrimas con diversas músicas de los países en donde Portugal tuvo colonias, incluyendo España... Como si fueran ellos los que nos invadieron y no nosotros en 1580, je je... Me lo compré por la curiosidad de escuchar cómo se enfrentaban al Con amores mi madre de Juan de Anchieta.
Pues bien, es bonito, sonido pulido... Fantástico para una comida o cena tranquila y sin pretensiones. Como la de hoy, como tantas otras.
En una de esas "otras" reparé en el alucinante texto de la última canción, En tus brazos una noche. Me fijé porque es una de las pocas canciones que están en español - sí, hay pendiente un blogusino sobre el español y el castellano, pero hoy no toca - , el compositor es un tal Manuel Machado, muerto en 1646. El texto no me resisto a copiarlo, porque tiene miga:
En tus brazos una noche,
me soñé, Filis, durmiendo:
despertóme la alegría,
y volvióse en llanto el sueño.
¿Qué delitos fomentan tus sinrazones?
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
Cuando estás velando,
me estás ofendiendo:
suéñote durmiendo,
siéntote matando.
Peligroso ando con tus rigores.
Que aun dormido, no quieres que me perdonen.
No he conseguido encontrarlo en otras fuentes y en el folleto del disco viene todo seguido, así que no estoy segura de que esté bien escrito. Hay un desbarajuste total en la versificación.
A lo que vamos: en el disco no indica quién es el autor del texto, que me sorprendió por lo elaborado, un magnífico ejemplo de poesía barroca. Realmente, me quedé pasmada tanto por lo que dice como por la forma. El recurso al qué bonito que sueño contigo es muy típico de toda la poesía amorosa, pero lo que cuenta en los primeros versos es mucho más "físico", si se me permite la expresión. Y sólo uno de los grandes puede hacerlo con tal sutileza.
Empecé a investigar sobre el tal Machado, que estuvo bastante tiempo en Madrid. Al final, me encontré con que el autor del texto es Félix Lope de Vega Carpio, con todo su nombre y su apellido. Ya tendría que haberme mosqueado con las fechas del compositor y ese Filis tan sospechoso. Pero lo confieso, no tengo las obras completas de éste, ni de Calderón, ni de Quevedo, ni de Góngora... Tampoco de otros. Las bibliotecas públicas sirven para eso ¿no?, para leer lo que no te cabe en casa. La referencia la encontré en el Cancionero musical de Lope, una recopilación de las obras de éste a las que se ha puesto música.
Ojalá los de Sete Lágrimas se hubieran tomado la molestia de anotarlo... Aunque no estuvo mal lo de mirar un poquito.
Al hilo de toda la peripecia, y para terminar, estuve dándole al magín sobre los textos que tuve que comentar en el instituto, ninguno tan tremendo como éste; las vidas también turbulentas de otros poetas del barroco: Gregorio de Mattos, el conde de Villamediana, Marino, Shakespeare; y lo poco que se pone en contexto (o ponía) la obra con la vida.
Tengo la teoría de que esta tendencia viene de una pudibundez decimonónica enfermiza. Cualquiera que conozca un poco el teatro de época, como el isabelino, sabe que las obras derrochan sangre, violencia y sexo, que hay un montón de referencias escabrosas en Shakespeare, pero también en Moliére. Mmm, parece que nos olvidamos de que eran "demasiado humanos", aunque ahora estén en el panteón.
lunes, 3 de agosto de 2009
Patrimonio
Vaya, parece que estoy volviendo a cogerle el punto a la escritura de blogusinos...
La razón de éste, a falta de otro en plan insustancial sobre Lope de Vega (¿insustancial?, jeje) y los candelabros que colecciono, es sobre los incendios que están quemando mi isla favorita, La Palma, y la zona de Arenas de San Pedro.
Mi amiga Cris me mandó hace unos días una foto de lo que se ha quemado en Ávila. Me acordé (seguro que no fué por el mismo sitio) de un fantástico fin de semana por los alrededores con ella, sus hermanos y sus primos, bañándonos en un riachuelo con el agua congelada - eso me parecía a mí, acostumbrada al caldito del Mediterráneo - y comiendo sandía, creo.
En cuanto a lo de Fuencaliente y Mazo, conozco la zona, tengo familia allí y he pasado también veranos maravillosos, paseando por la Caldera de Taburiente y recorriendo la isla de punta a punta.
Lo que no entiendo es qué les lleva a incendiar bosques.
Al tipo o tipos que son responsables del de Arenas, lo mínimo es condenarles por homicidio, aparte de los 20 años que pueden caer por incendiar el bosque (leí que está penado desde 1995. A ver si se cumplen...).
Si se demuestra que el de La Palma es fortuito, por unos que estaban lanzando petardos o fuegos artificiales, yo me maravillo de lo tontos que llegamos a ser. ¿Es que nadie piensa que este verano el campo está sequísimo y cualquier cosa monta un desastre como ése?
No es que yo ahora vaya a escribir sobre qué vamos a dejar a nuestros hijos si nos cargamos el bosque. No, es un asunto mucho más prosaico... Nuestro principal ingreso es el turismo y ya comenzamos a diversificar del típico de sol, playa y cerveza. Esto quiere decir que empezamos a sacar rendimiento al turismo rural, a las rutas de senderismo, etc. Si no hay bosque, si no hay entorno natural apreciable, no sé que industria turística vamos a crear; al final será como hacer excursiones a Mordor...
El concepto de patrimonio (de ahí el título del blogusino) incluye tanto a la naturaleza, como a los monumentos, las estatuas, los libros, archivos, pinturas, etc. Lo que hay que cuidar, porque nos pertenece a todos.
También se me ponen los pelos como escarpias cuando veo a unos cuantos ricos futbolistas subirse encima de la Cibeles, de Neptuno o donde les pete. Parece que la cosa se arregla pagando desperfectos al Ayuntamiento, a Patrimonio o a quien sea.
Pues no, no lo comparto. No es que "por ser vos quien sois", a ellos les dejen subirse y a las hordas de hinchas que les acompañan, no. Es que nadie puede hacer el gamberro en un bien público. Si quieren bailar la conga en el estadio, presentar la copa a la Virgen de turno, ir a una recepción en el Consistorio, me parece estupendo, pero que dejen en paz lo que es de todos.
De ahí a que cada uno haga de su capa un sayo y decidan destrozar un brazo a la Cibeles, o llevarse una vaca pintada de la cow parade (no les arriendo la ganancia), hay un paso.
Debe de ser que, como también me he encontrado incendiados los contenedores de reciclaje de al lado de casa, estoy sensible ante la irracionalidad de la que hacemos gala, destrozando por destrozar, quemando porque sí (o por razones que nunca son legítimas).
En fin, prometo el Lope insustancial y saludo a Manolo por alusiones, que nos seguimos leyendo...
La razón de éste, a falta de otro en plan insustancial sobre Lope de Vega (¿insustancial?, jeje) y los candelabros que colecciono, es sobre los incendios que están quemando mi isla favorita, La Palma, y la zona de Arenas de San Pedro.
Mi amiga Cris me mandó hace unos días una foto de lo que se ha quemado en Ávila. Me acordé (seguro que no fué por el mismo sitio) de un fantástico fin de semana por los alrededores con ella, sus hermanos y sus primos, bañándonos en un riachuelo con el agua congelada - eso me parecía a mí, acostumbrada al caldito del Mediterráneo - y comiendo sandía, creo.
En cuanto a lo de Fuencaliente y Mazo, conozco la zona, tengo familia allí y he pasado también veranos maravillosos, paseando por la Caldera de Taburiente y recorriendo la isla de punta a punta.
Lo que no entiendo es qué les lleva a incendiar bosques.
Al tipo o tipos que son responsables del de Arenas, lo mínimo es condenarles por homicidio, aparte de los 20 años que pueden caer por incendiar el bosque (leí que está penado desde 1995. A ver si se cumplen...).
Si se demuestra que el de La Palma es fortuito, por unos que estaban lanzando petardos o fuegos artificiales, yo me maravillo de lo tontos que llegamos a ser. ¿Es que nadie piensa que este verano el campo está sequísimo y cualquier cosa monta un desastre como ése?
No es que yo ahora vaya a escribir sobre qué vamos a dejar a nuestros hijos si nos cargamos el bosque. No, es un asunto mucho más prosaico... Nuestro principal ingreso es el turismo y ya comenzamos a diversificar del típico de sol, playa y cerveza. Esto quiere decir que empezamos a sacar rendimiento al turismo rural, a las rutas de senderismo, etc. Si no hay bosque, si no hay entorno natural apreciable, no sé que industria turística vamos a crear; al final será como hacer excursiones a Mordor...
El concepto de patrimonio (de ahí el título del blogusino) incluye tanto a la naturaleza, como a los monumentos, las estatuas, los libros, archivos, pinturas, etc. Lo que hay que cuidar, porque nos pertenece a todos.
También se me ponen los pelos como escarpias cuando veo a unos cuantos ricos futbolistas subirse encima de la Cibeles, de Neptuno o donde les pete. Parece que la cosa se arregla pagando desperfectos al Ayuntamiento, a Patrimonio o a quien sea.
Pues no, no lo comparto. No es que "por ser vos quien sois", a ellos les dejen subirse y a las hordas de hinchas que les acompañan, no. Es que nadie puede hacer el gamberro en un bien público. Si quieren bailar la conga en el estadio, presentar la copa a la Virgen de turno, ir a una recepción en el Consistorio, me parece estupendo, pero que dejen en paz lo que es de todos.
De ahí a que cada uno haga de su capa un sayo y decidan destrozar un brazo a la Cibeles, o llevarse una vaca pintada de la cow parade (no les arriendo la ganancia), hay un paso.
Debe de ser que, como también me he encontrado incendiados los contenedores de reciclaje de al lado de casa, estoy sensible ante la irracionalidad de la que hacemos gala, destrozando por destrozar, quemando porque sí (o por razones que nunca son legítimas).
En fin, prometo el Lope insustancial y saludo a Manolo por alusiones, que nos seguimos leyendo...
martes, 28 de julio de 2009
Clientes... (Si es que no tienen "mentalidá")
Hola:
Mis buenos propósitos de hacer un blogusino semanal son imposibles de seguir, me siento muy cansada y con pocas ganas de darle al magín.
Pero voy a comentar algo que cada vez que lo oigo, me entran los siete males: ¿Alguien se ha dado cuenta de que ahora, para el Metro de Madrid, somos clientes en vez de viajeros?
En la edición del DRAE que tengo, define cliente como aquel que utiliza asiduamente un servicio o compra con regularidad en un establecimiento. Vale... ¿Qué pasa con los usuarios del metro que se atreven a bajar a las profundidades una vez al año, como mi madre, que lo evita cuanto puede?
Me temo que estamos bajando demasiado el listón en ser precisos con el lenguaje. Uno que va de un sitio a otro en metro, en autobús o en mula, es un viajero. Una persona que va al médico es un paciente, etc... No sé si piensan que los clientes tienen más derechos que los viajeros o cosa así. Se equivocan.
Y me fastidia enormemente que estemos infrautilizando la riqueza del español (otro día escribiré sobre si castellano o español, que llevo unos días de conversaciones a cuenta de eso) tomando como base conceptos de tipo pecuniario, como si no existiera nada más en el mundo.
Nos vendría mejor a todos (a mí la primera) pensar dos segundos más cómo decir las cosas con precisión y mejorar nuestro uso del lenguaje, que falta nos hace...
Con respecto a los paréntesis del título, viene de una anécdota que me contó una muy buena amiga (que sigue el blog) sobre los paisanos de su pueblo, que dicen esa estupenda y absurda frase para referirse a la forma de comportarse de los jóvenes... Pues los del Metro lo mismo, no tienen "mentalidá".
Mis buenos propósitos de hacer un blogusino semanal son imposibles de seguir, me siento muy cansada y con pocas ganas de darle al magín.
Pero voy a comentar algo que cada vez que lo oigo, me entran los siete males: ¿Alguien se ha dado cuenta de que ahora, para el Metro de Madrid, somos clientes en vez de viajeros?
En la edición del DRAE que tengo, define cliente como aquel que utiliza asiduamente un servicio o compra con regularidad en un establecimiento. Vale... ¿Qué pasa con los usuarios del metro que se atreven a bajar a las profundidades una vez al año, como mi madre, que lo evita cuanto puede?
Me temo que estamos bajando demasiado el listón en ser precisos con el lenguaje. Uno que va de un sitio a otro en metro, en autobús o en mula, es un viajero. Una persona que va al médico es un paciente, etc... No sé si piensan que los clientes tienen más derechos que los viajeros o cosa así. Se equivocan.
Y me fastidia enormemente que estemos infrautilizando la riqueza del español (otro día escribiré sobre si castellano o español, que llevo unos días de conversaciones a cuenta de eso) tomando como base conceptos de tipo pecuniario, como si no existiera nada más en el mundo.
Nos vendría mejor a todos (a mí la primera) pensar dos segundos más cómo decir las cosas con precisión y mejorar nuestro uso del lenguaje, que falta nos hace...
Con respecto a los paréntesis del título, viene de una anécdota que me contó una muy buena amiga (que sigue el blog) sobre los paisanos de su pueblo, que dicen esa estupenda y absurda frase para referirse a la forma de comportarse de los jóvenes... Pues los del Metro lo mismo, no tienen "mentalidá".
domingo, 12 de julio de 2009
Lo que me dejan los calores...
Intento poco a poco continuar con mi rutina de escribir cada semana un blogusino... Aunque con estos calores tengo la neurona derretida y no rijo, así que seré breve.
Ayer estuve en el concierto que dió Cesaria Évora en Madrid. El sonido era bueno, ella se fumó sus cigarritos, se bebió algo que no discerní en la lejanía... Y sus músicos eran muy buenos también. Me dejó alucinada el tipo que tocaba el cavaquinho, una especie de guitarrita pequeña. Grandes éxitos y más música que hicieron bailar al respetable, pero no en los niveles que hace muuchos años nos provocó Daniela Mercury. Recuerdo que la estructura de las gradas comenzó a moverse también y los organizadores no encontraron mejor modo de pararnos que desenchufando el sonido... Inenarrable.
Una confesión: yo bailo muy poco, pero cuando me pongo...
Me voy a perder unos cuantos conciertos que me apetecen, pero me coinciden con un curso de cata de vinos, al que me he apuntado para poder trasegar poniendo caras, mirando copas al trasluz y diciendo ¿notáis el aroma a mantequilla?
La otra opción era pagar un curso intensivo de francés, pero con la neurona churruscadita por el calor, no estoy yo ni con el être ni con el avoir...
Si ocurre algo de importante en el mundo o sus alrededores, intentaré escribir algo, pero no prometo nada... ¡¡Necesito vacaciones!!
Ayer estuve en el concierto que dió Cesaria Évora en Madrid. El sonido era bueno, ella se fumó sus cigarritos, se bebió algo que no discerní en la lejanía... Y sus músicos eran muy buenos también. Me dejó alucinada el tipo que tocaba el cavaquinho, una especie de guitarrita pequeña. Grandes éxitos y más música que hicieron bailar al respetable, pero no en los niveles que hace muuchos años nos provocó Daniela Mercury. Recuerdo que la estructura de las gradas comenzó a moverse también y los organizadores no encontraron mejor modo de pararnos que desenchufando el sonido... Inenarrable.
Una confesión: yo bailo muy poco, pero cuando me pongo...
Me voy a perder unos cuantos conciertos que me apetecen, pero me coinciden con un curso de cata de vinos, al que me he apuntado para poder trasegar poniendo caras, mirando copas al trasluz y diciendo ¿notáis el aroma a mantequilla?
La otra opción era pagar un curso intensivo de francés, pero con la neurona churruscadita por el calor, no estoy yo ni con el être ni con el avoir...
Si ocurre algo de importante en el mundo o sus alrededores, intentaré escribir algo, pero no prometo nada... ¡¡Necesito vacaciones!!
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